
Cuando los duendes del bromazepan te dejan chance para poner la pensadora en remojo, se llena la noche de recuerdos. Ya no salen de la pluma, hoy salen de las teclas inquietas, ruidosas, apretaditas. Ya no es la vieja remintong, ni la modernosa lettera, tampoco es la comodore 64, ahora llevan otros nombres. Los mismos de la plancha, la tele, o el calefactor. Y digo que, se aparece por mi ventana ese chico que en las tardes solitarias se piraba al cine. El Nilo se llamaba. Las molduras del techo de la platea superior parecían una pileta dada vuelta que escondía las luces, que cuando menguaban, avisaban que la peli estaba por arrancar. Para llegar allí, había que pasar por la esquina famosa. Si, la que les conté, la de Homero y Pichuco. El chico creció un poco, y ahora va con su amigote a morfar pizza al Sol di Napoli. Como chorreaba la muzza. Que rica que estaba. Y para que ese sabor le inundara la boca, tenia que pasar por la esquina, cruzarla, patearla. Otra vez veo al pibe que cumple un ritual. Ya esta grande. Los sábados x la noche se llegaba a ese territorio comanche a buscar en La Flor, esas empanadas fritas de carne, que sabían más ricas aun, al otro día, recalentadas. O bien una grande de muzza con jamón y morrones, y la infaltable fainá. (¿Marisa te hicieron probar la Fainá? Me olvide de preguntarte.) Mira que al pibe le pegó fiero el ritual, que ya de novio el boludo engancho a su novia y ella lo acompañaba a comprar los sábados por la noche. Si estuvieran cerca, si la Flor existiera, hoy con las bodas de plata encima, aun irían a por ella. Y obvio, cerquita de la esquina. Que decirte de donde se compraron los anillos p’a la boda……cruzando la esquina, en lo de un sorru que tenia su joyería ahí…..porque Arval o Bilevich (no se en ese momento cual estaba) era carito. Y la esquina seguía en su vida. Cuando los viejos al pibe le compraron la guitarra fue a un profe que tenía su casa de Discos, en la galería Boedo. Medio rarito el chabón, usaba peluquín. El pibe no aguanto el “Solfeo de los Solfeos” y la guitarra quedo en el ropero, como debería ser. Los años pasan. Nuestro personaje sigue rondando la esquina, hasta que el mundo cambio tanto que su cine se lleno de neveras, lavadoras, televisores y afeitadoras. Y los locales de electrodomésticos se reproducían, invadían todo. Por suerte donde estuvo Etam, luego sobrevivió poco tiempo una megatienda. Pasa que la esquina no quería ser sepultada. Y apareció, creció como una isla volcánica en el mar de la modernidad consumista: “Esquina Sur”, y se remodeló el Homero, y p’al otro lado apareció el Pugliese, y los turistas, y el pibe seguía tomando sus desayunos ahí, y de vez en cuando comía, y llevo a los suyos, a sus hijas, y a amigos, y se fue del ispa y cuando volvió lo esperaba la tirita de asado, la pizza, el televisor empapado de la azulgrana, y los gritos del gol de los cuervos presentes…..Siempre por su Esquina….. y ahora te dejo, la pasti esta pidiendo la catrera. Chau…que les garúe finito.-
servido por Daniel
3 comentarios
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LILY dijo
HOLAAAA!!!!!
CUANTOS AÑOS Y ESPERIENCIAS RELATADOS EN TAN POCOS CARACTERES PERO CUANTO CARIÑO E INTESIDAD PASADOS NO?
NO DEJES DE ACTUALIZAR ME ENCANTA COMO DICES LO QUE DICES.
BIKIÑOS!!!!
LILY.-
28 Agosto 2008 | 12:20 PM