Primero fueron los tranvías. Poco me acuerdo. Tengo una vaga imagen de estar en uno, circulando por la avenida Belgrano, pero aun dudo si es una construcción imaginaria o en realidad sucedió.
Esa avenida aun la recuerdo empredada, de doble circulación, con unas plazoletas muy angostas donde se emplazaban los faroles, y la garita, ese elemento donde la autoridad hacia sonar el “pito” dirigiendo el transito con sus mangas blancas.
Pero centrémonos en el Bondi. Eran una fiesta, los Leyland u ómnibus ingles que me acuerdo lo tenían la línea 2 Liniers-Aduana, el 84, el 69, y el 120 que desde Plaza Constitución era el medio obligado para visitar a mis abuelos en Wilde.
El colectivo, bondi u ómnibus pasa por muchas etapas. Su pintoresquismo fue desde aquellos monederos plateados donde cada valor monetario ocupaba su lugar y los dedos del chófer hacían de ese aparato un piano que escupía el vuelto al pasajero. La Boletera, a la que en su lateral le colgaba un implemento donde estaban las tiras de boletos de repuesto para alimentarla.
...cuantos capicúa habría en cada uno de esos rollos..........por eso muchas veces quedando cerca del pluri-repetido sacábamos la cuenta de cuantos pasajeros atrás o adelante estaría el poseedor del capicúa. Y la mas de las veces resultaba ser alguien que jamás le daría el valor que sí tendría en nuestras manos.
O esa pesa que hacia las veces de aplasta billetes, donde en el tiempo muerto del semáforo él se dedicaba a separarlos por valores, apilarlos y prensarlos.
Los espejos donde todo el pasaje se reflejaba, y a veces nos dejaba bobos cuando la infaltable minifalda ocupaba el primer asiento. Esos espejos fileteados. Que me preguntaba como hacían para grabarlos con volutas, flores, y alguna vez vista la cara del Zorzal.
Esos mismo espejos que se vestían con cortinitas, faldones, aterciopelados, con brillos y de los que colgaban innumerables elementos. Muñequitos, algún zapatito de badana, chupetes, y según el caso se vestían de rojoyblanco, azulyoro, azulgrana, y muchas combinaciones futboleras más.
Y que decir que la palanca de cambios. Cual foca peluda la enfundaban con una tela peluda, de colores vivos, y el infaltable Dado Rojo o Cráneo iluminado dando un efecto que ni George Lucas se imagino jamás.
Y ni que hablar de la noche. En la hora pico de la vuelta al trabajo las luces interiores se prendían blancas para que el pasaje pudiera leer la sexta de crónica, critica o la razón.
Y más tarde, en los recorridos mas allá de la medianoche se prendían uno o dos focos de luz negra y aparecían los magazines de Sandro, Raphael, Los Bee Gees, o Leonardo Favio para crear una atmósfera digna de Mau Mau, un mundo “boitiano” se cernía en el bondi. La mas de las veces el sonido “lloraba” debido al empedrado revoltoso que se empeñaba a veces en hacerte saltar los riñones por la boca. Por ello el asiento trasero, el largo, era a su vez banco de entrenamiento de futuros jinetes. Cuando conocíamos el bache que se avecinaba había que tomarse de los pasamanos levantar la cola despegándola del asiento y campear el bache con un movimiento rítmico sintiéndose un jinete saltando la valla sin tirar ningún palo........
Y recuerdo aquellos precursores del turismo de aventura eran los bondis donde viejos ya les nacía un agujero machazo, casi siempre cerca del buche de las ruedas donde era una experiencia mística ver pasar a distintas velocidades adoquines, pavimento, mas adoquines, y demás seres que pululan en las calles de buenos aires. Deporte de riesgo si los hay pues había que tratar de no dejar un pie ni ningún elemento (monedas, documentos) que se escaparan por ese pozo negro del cual nunca regesarian.
Podría seguir hablando del chancho, de los buscas, de los pungas, pero lo vamos a dejar para otro día. Ahora mucho mas lejos en tiempo y distancia, viajo en Bus, con aire acondicionado, pantalla de TV donde pasan comerciales, cestos de basura, puertas anchas, sistemas neumáticos que lo hacen bajar a ras del piso, y boleteras computarizadas para viajar con tarjeta magnética.
En fin, pero aun así añoro el terrible sofocón que consistía en calcular cuanto faltaba para nuestra parada y como atravesar un pasillo repleto, pues no te dejan bajar por adelante, todo sincronizado, todo a tiempo de no pasarse, y de no pasarse de listo y que alguna dama interpretara nuestro empujón traslatorio como un manoseo indigno de su humanidad. En fin....se me esta ocurriendo otro tema.......los almanaques de los talleres mecánicos...